Psicologa social, psicologo, asistencia psicologica
Psicologia - Prevencion del Abuso Sexual Infantil
"Viví diez años con el hombre que abuso de mis hijas"
MARIANA RODRÍGUEZ CAMPOS
La exmujer del escribano de San Isidro, enfrenta la peor pesadilla.
Después de diez años de convivencia, descubrió que su segundo marido, Mariano Montes Salazar, habría abusado de sus hijas -la de su primer matrimonio, que actualmente tiene 26 años, y la que tuvieron juntos, hoy de 16-. Fue condenado a seis años y medio de prisión, pero está en suspenso hasta que el veredicto sea revisado por Casación.
En esta nota habla de la culpa por no haberse dado cuenta a tiempo, de la desesperación, el aislamiento y el descreimiento social de los primeros años, y por sobre todas las cosas de la capacidad de sobreponerse y recuperar la felicidad a pesar de todo.
"Tu hija mayor está diciéndole a sus amigas que el padrastro le toca la cola y eso a ella le molesta". Las palabras de la mamá de una de las amigas de su hija -que en ese momento tenía 10 años- al otro lado del teléfono inquietaron a Mariana Rodríguez Campos (hoy, 47).
Era 1995, hacía dos años que Mariana -pintora y restauradora- se había vuelto a casar (con su primer marido se había casado a los 16 y a los 21 tenía tres hijos) y junto a su nueva pareja, el escribano Antonio Montes Salazar (50), estaban agrandando la familia: el año anterior habían tenido una hija y en ese momento Mariana estaba atravesando su quinto embarazo. De inmediato le preguntó a su hija si era verdad. "Me respondió que sí. Me puse a llorar y le dije que si era así, yo me tenía que separar. Entonces ella, automáticamente, me dijo que era mentira, que lo había dicho para que yo volviera con su papá. Yo estaba muy enamorada y lo que mejor me vino en ese momento fue creer lo segundo", confiesa.
Nueve años más tarde, otra madre se le acercó, esta vez para contarle que su hija mayor (la misma a la que le había preguntado si era cierto que el padrastro abusaba de ella, ahora tenía 19 años y se había ido a vivir con su abuela paterna) estaba haciendo terapia con Patricia Visir, una psicóloga especialista en abuso sexual. "Me quedé helada. Fue como si las fichas de un juego de dominó empezaran a caer hacia atrás hasta llegar al día en que me lo dijo por primera vez. Entonces la llamé a Visir, y en su consultorio mi hija me confesó todo. Se me derrumbó la vida".
Esa noche, Mariana se fue con sus hijos a la casa de una amiga. Su marido le dejó tres mensajes en el contestador, en dos le preguntó dónde estaba, y en el tercero le aseguró: "Yo no hice nada". Así fue que se enteró de que el hombre con el que había estado casada durante diez años, y con el que había tenido tres hijos (una mujer de 16, y dos varones de 15 y 10) habría abusado de su hija mayor durante siete años.
Aunque ella ya le había confesado el terrible secreto a su novio y a sus dos hermanos mayores (31, fraile benedictino, y 28, ingeniero) a todos les pidió que no dijeran nada. Fue
Después de aquella primera vez que tu hija te confirmó el abuso y de inmediato te lo negó, ¿le preguntaste algo a él?
No. Yo quedé con una situación de terror y de alivio al mismo tiempo. No quise pensar más en el tema porque estaba apostando a una vida nueva y no podía creerlo.
¿Ella nunca más dijo nada?
No.
¿Tus hijas te recriminaron algo?
Nunca. Se dieron cuenta de que yo también había sido engañada. Creo que nunca me lo recriminaron porque yo, como mamá, a pesar de todo siempre estuve presente.
¿Y tu primer marido?
Tampoco. Nunca me juzgó. A partir de que pasó esto empezó a ocuparse de sus hijos. Tuve un apoyo incondicional de él y creo que se sintió muy culpable. Como yo. No servía de nada echar culpas y entonces nos unimos.
¿Sentís culpa?
Ya no. Apenas empezó todo esto me sentí tremendamente culpable, pero con el tiempo entendí que era casi imposible darse cuenta.
¿Las chicas tuvieron secuelas?
Sí, muchísimas. Depresiones enormes, y terribles miedos. La de 16 años se lo cruzó en la calle en San Isidro el otro día y con sólo verlo le dio un ataque de pánico.
¿Tu hija mayor pudo rehacer su vida?
Sí, se casó este año con su novio de toda la vida, que es un sol. Antes se fueron juntos un año a la India y eso les hizo muy bien.
¿Cómo se lo tomaron los hijos que tienen en común?
Se quieren cambiar el apellido. Yo les digo que hay que quedarse con los mejores recuerdos. Que se acuerden de cuando íbamos a Brasil y nos metíamos en el mar o de cuando hacíamos asados en casa. Los malos recuerdos los guardamos en un cajón, porque si no, no podés sobrevivir. (N. de la R.: se quiebra en llanto). El día que pasó todo, a pesar de tener seis hijos, pensé en suicidarme porque no podía aguantar el dolor, pero gracias a ellos estoy bien. No sirve de nada quedarse con el dolor y el rencor. Me encuentro con gente que me mira con lástima, como diciendo "pobre mina". No entienden que uno puede sobreponerse a una tragedia como ésta. Nosotros no quisimos victimizarnos, porque si nos quedábamos lamiéndonos las heridas iba a ser imposible salir adelante. Yo tengo amigas que no tienen ni la mitad de los problemas que tengo yo y sin embargo sus hijos tienen más conflictos que los míos. Quiero que sepas que somos muy felices.
¿En qué momento había abusado de las chicas? ¿Vos estabas en
¿Las madres de las compañeras de tu hija que denunciaron abusos se enojaron con vos?
En una primera etapa, cuando se hicieron las denuncias, estuvimos todas muy juntas. Pero cuando la causa se elevó a juicio nos empezamos a separar. Para ellas, yo era culpable. Y las re entiendo, porque las chicas estaban a mi cargo cuando venían a casa.
¿Cómo reaccionó tu entorno ante las denuncias?
Todo el círculo de amigos de cuando estaba casada desapareció. Nadie me creyó. Ahora volvieron a aparecer todos, pero yo estuve siete años sola. Con mis padres y hermanos no me vi nunca más porque les pareció un horror que esto se diera a conocer. En un momento llegué a ser la loca, la que se separaba por la plata, la hippie de
¿Cómo probaron los supuestos abusos?
Con testimonios de las chicas que hicieron las denuncias y también con los de las que fueron abusadas pero no quisieron hacer
¿UN BUEN PARTIDO? Mariana y Mariano Montes Salazar (50), escribano, se conocieron cuando eran chicos y los dos vivían en el barrio de Punta Chica. Después los dos siguieron su vida y no se vieron por varios años.
Cuando ella estaba recién separada se reencontraron en el tren y empezaron a salir. Se casaron después de tres años de noviazgo. "Era soltero, muy buen mozo, escribano, y yo venía de una situación económica muy difícil con mi primer matrimonio. Quedé deslumbrada. Hasta mis amigas me preguntaban '¿cómo hiciste para engancharlo?', porque era muy codiciado", recuerda. Nunca se imaginó que lo que había empezado como una historia de amor se transformaría en una pesadilla.
¿Cómo era él?
En la semana era escribano, se vestía de traje e iba a trabajar todos los días al centro en su camioneta 4x4. Era impecable, un modelo de revista. Los fines de semana era hippie, andaba con pantalones rotos, sandalias y remeras. En lo económico era muy generoso. A mí nunca me faltó nada en ese plano. En el trato era agresivo verbalmente. Cuando se enojaba no te decía malas palabras, pero te denigraba. Y con los chicos también era así.
¿Y en la intimidad? ¿Cómo eran tus relaciones sexuales?
¿Viste ese dicho de que a las minas siempre les duele la cabeza y nunca tienen ganas de tener relaciones? Bueno, a mí me pasaba lo contrario: él nunca tenía ganas.
¿Sabés si él tuvo algún episodio de abuso durante su propia infancia?
Yo creo que sí. El no dormía bien. Se despertaba a los gritos y una de las pesadillas que se le repetía era que había alguien frente a su cama. Además, me pidió no dormir del lado de
Viviste diez años con él, ¿nunca te diste cuenta de que era un desequilibrado?
Los psicópatas tienen el don de envolverte y de hacer con vos lo que ellos quieran.
¿Alguna vez admitió los abusos?
Nunca. El único testigo que se presentó de su lado fue una empleada de la época en que él era soltero. En el juicio estuvo acompañado siempre por su nueva mujer.
¿Lo perdonaste?
Sí, porque es una persona enferma. Le tengo mucha compasión. Nunca llegué a odiarlo, aunque sí tuve la sensación de querer matarlo.


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Un emotivo viaje hacia las raíces más profundas de Lo Femenino y La Vida.
La Menstruación, un secreto demasiado bien guardado.
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