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Psicologia de la Mujer - Poder con todo
Poder con todo
Tal vez por eso de "donde fueres, haz lo que vieres" o porque las condiciones y la ley las impone quien maneja el poder, las mujeres hemos entrado al mundo laboral y de la cultura de la mano de modalidades y códigos masculinos.
Nos calzamos el trajecito sastre y hacemos jornadas agotadoras por un 30% menos de ingreso, pegándonos la cabeza contra un techo de cristal que nos detiene el crecimiento un paso más abajo que nuestro par varón, y con el teléfono celular en la mano monitoreando la vida de nuestros niños.
Pocas hemos probado darle "nuestra particularidad" a ese mundo laboral y cultural, ganar desde donde sabemos y podemos, poniendo la diferencia que quizás nos pusiera al menos a la par. O -seguramente- mostrarnos a nosotras mismas que podemos. Otras cosas quizás.
Puede haber sido el afán de responder a una tendencia que nació hace un siglo, patologizando nuestra condición, lo que nos fue haciendo renunciar a las características propias del ser mujer. Incluso luchando contra ellas, ¿dándoles la razón que "ser mujer" es un problema?.
El derecho laboral del "día femenino" lo perdimos, enarbolando incluso su condición "discriminatoria". ¿Nos permitimos aceptar que la menstruación -y sus sentimientos ligados a los ciclos hormonales- son un obstáculo para nuestra inserción en el mundo?. Medicamentos, tampones, apósitos (¿notaste que siempre se prueban con un líquido azul en los comerciales, como si lo que perdemos una vez al mes no sea sangre?), están destinados a que "no se note" que estamos menstruando. Pero apenas lleguemos a los 50 : botox, cirugías, parches hormonales, cremas faciales y geles vaginales... a todo apelaremos para que no se sepa que ahora si... hemos dejado de menstruar.
Desde la exigencia de la multiorgasmia, hasta esperar que sea él quien use el preservativo, en definitiva la modalidad que adquirió nuestra "liberación sexual" nos ha puesto de narices contra más discriminación y muerte. Hoy el sida es sinónimo de mujer, y las adolescentes que no se cuidan de un embarazos que condicione su vida, crecen a escala geométrica.
Celebramos como un paso hacia la igualdad de derechos que el puerperio haya dejado de ser un atenuante penal ante el filicidio... y ahora nos tomamos la cabeza cuando a las mujeres embarazadas por violación, les aplican toda la dureza de la ley frente a un acto desesperado luego de un parto aborrecido. Nos jactamos de hacer "sindicatos" de prostitutas, como si ser putas fuera un "trabajo" apreciado por alguien más que por los clientes. A quienes nunca se los discute, ni así lo reclamamos con suficiente convicción. Sólo alcanza con leer los diarios de mayor tirada en el mundo que nosotras compramos, para ver cómo participamos de un negocio multimillonario del que nos llevamos las migajas. Y el sufrimiento.
Nos jactamos de trabajar hasta el último día antes del parto. Cuando lo que necesitamos es estar en casa acariciándonos el vientre con los pies en alto. Y a la hora del puerperio, no podemos dilatar un día regresar a la profesión. Aunque nos duelan los pechos y lloremos y nos sintamos inseguras al dejar al bebé en la guardería o con una empleada.
Hemos terminado en la falsa opción de : realización personal o maternidad. En donde la maternidad pasó a ser un escollo a superar, y no una elección de la vida toda. Esa elección, única fuente conocida hasta hoy, de la especie humana.
Y si pasamos los 35 y no tuvimos aún hijos, pues entonces menos podemos "aflojarle el tranco" al desarrollo laboral. Que el reloj biológico amenaza y muchas -además- debemos tener dinero suficiente para encarar los tratamientos de infertilidad. Esos a los que vez más llegamos; muchas veces sin causa aparente, sólo como efecto de desconectarnos subjetivamente de nuestros ciclos; otras de postergar la decisión de maternar. Y en ambos casos, por no querer perdérnosla. Aunque intelectualmente comprendamos que es "una opción"... tarde o temprano la mayoría adherimos a ella.
Y está bien.
Pero, ¿no estaremos pagando un costo demasiado alto por cumplir con todo bajo códigos y condiciones que no son las nuestras?. Las de nuestros ritmos, modalidades, reales prioridades...individuales, de cada una de nosotras.
El problema se nos viene cuando empezamos a sentir que se va haciendo tarde. Y sino tenemos pareja, y ellos o vienen de un divorcio y ya tienen hijos y ningún apuro; o siempre les queda el recurso de "seguir esperando" y encontrarse más adelante con una mujer más joven que igual pueda "darle una familia", nosotras desesperamos. Y si tuvimos pareja, y nos fue mal, y tenemos hijos, dedicamos todas nuestras fuerzas a forzar al otro a que no sea el padre que es... aunque cuando lo pensamos seriamente, nos damos cuenta que siempre supimos que nunca fue el que hubiéramos querido que sea, no obstante lo cual seguimos adelante con él, y tuvimos hijos. Que hay cumplir, no?. Y si él está comprometido, aunque siempre lo supimos, igual esperamos e insistimos años a que él "se decida" a lo que nunca en realidad nos prometió con genuina convicción que haría : estar con nosotras. Siempre esperamos "ser las elegidas", nunca aprendemos por fin a elegirnos nosotras a nosotras.
Porque a pesar de entrar al mundo con trajecito sastre y taconeando fuerte en el ámbito laboral 10 horas por día, y renunciando a nuestros ciclos y sus efectos sobre nuestra vida... no parecemos dispuestas a renunciar al modelo de familia tradicional. Y a sostenerlo "todo". Como alguien -que no somos nosotras- nos dijo que HAY QUE sostenerlo.
Y nos está saliendo caro. Cada vez más mujeres llegan a la consulta "desesperadas". Desesperadas porque los años pasan y no pueden seguir cumpliendo con todas las expectativas que han puesto sobre si mismas. Un cúmulo de situaciones -muchas veces de mundos paralelos- que vivimos como exigencias y no como realización. Las laborales, las de desarrollo profesional, las de tener pareja, las de tener hijos, las de que estos sean como los libros nos dicen que tienen que ser, las que el otro sea quien quisimos que fuera, las de lidiar con la condición maternante ... puff... agotador.
Hay un feminismo que nos fue haciendo creer que si en algún momento de la vida ponemos en el centro de la escena de nuestra existencia deseos ligados con lo ancestral, con lo más "hormonal" que también nos constituye, somos algo así como "unas tontas". Y que en el campo del desarrollo en el mundo laboral, cultural, hay que "masculinizarse", aceptar naturalizadamente códigos que no nos pertenecen en nombre de una igualdad que sólo debiera ser, en nuestra diferencia radical.
Desde aquellas actuaciones de sacarse el sostén como signo de liberación -aunque correr con los pechos sueltos duela y nos impida ir más rápido- existen códigos a los que debiéramos por el contrario de aceptarlos, combatir para no cambiar nuestra esencia. Códigos -y los más difíciles de reconocer- que incluso nos hemos puesto entre nosotras mismas. Pertenecer al mundo, y en él, no renunciar a lo que somos. Pero además, aceptar el derecho a saberlo reconocer. Que es lo que más nos está costando. Con sostén incluído, levantándolo para dar de mamar... y volviéndonoslo a colocar para seguir en carrera.
Las exigencias a las que nos exponemos, nos producen un alto nivel de sufrimiento. Hacemos todo lo posible. Nos esforzamos. Y para colmo de males, nunca parece que llegamos con todo. Nunca nos sale ese estado de liviandad en la existencia, ese transitar plácido por la vida femenina y sus vaivenes al que -seguramente- todas aspiramos. Entregarnos a lo que somos, y con los que somos estar en el mundo. Siempre queriendo forzar algo, que algo no sea como es. Resisitiendo. Resistiéndonos. Incluso -y sobre todo- a nosotras mismas y sin poder encontrarnos cara a cara.
Y en este nivel de sufrimiento estamos.
Y no estamos solas... en el sufrimiento nos acompañan los niños y las niñas. Nuestros hijos. Como en un destino común... como en el principio de la humanidad.


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Un emotivo viaje hacia las raíces más profundas de Lo Femenino y La Vida.
La Menstruación, un secreto demasiado bien guardado.
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