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Ciencia y Subjetividad
Levántate y anda
Insuflar vida, fabricar vida, comprender el origen de la vida parece ser una
de las grandes fronteras de la ciencia que está a punto de quebrarse. O
casi. La expansión de la genética lleva, como es lógico, a la tentación de
ensamblar un genoma, de introducirlo en una célula, de permitir que se
alimente, se reproduzca y... evolucione. Siguiendo la tradición de
Frankenstein y el Golem, pero con una artillería mil veces más poderosa, en
los laboratorios acecha la vida sintética, que en poco tiempo puede echar a
andar.
Por Raul A. Alzogaray
Hace 3800 millones de años, la superficie terrestre estaba dominada por las
radiaciones cósmicas, violentas erupciones volcánicas y lluvias de
meteoritos. En ese paisaje de pesadilla, sustancias simples como el agua, el
metano, el amoníaco y el hidrógeno reaccionaron unas con otras, produciendo
moléculas cada vez más complejas. Después se formaron membranas que aislaron
a esas moléculas del agresivo medio externo, surgieron mecanismos que les
permitieron hacer réplicas de sí mismas y estrategias para captar sustancias
del ambiente y transformarlas en provecho propio. Así apareció la vida en la
Tierra.
Hasta ahora ocurrió sólo una vez, pero los científicos afirman que dentro de
unos años pasará de nuevo. Esta vez, el escenario no será un paisaje
dantesco, sino la asepsia de los laboratorios de investigación; la materia
prima no serán sustancias simples, sino complejas macromoléculas
especialmente diseñadas y construidas para tal fin.
Varios grupos de investigadores dedican sus trabajos y sus días a una nueva
disciplina llamada Biología Sintética. Es la rama de la biología que se
dedica a diseñar y fabricar sistemas biológicos que no existen en la
naturaleza, y a rediseñar los que ya existen. Su objetivo más ambicioso es
la creación de seres vivos.
Asi es la vida
"La vida -escribió Aristóteles- es aquello por lo cual un ser se nutre,
crece y perece por sí mismo." Hoy, 2300 años más tarde, los científicos no
terminan de ponerse de acuerdo sobre lo que es la vida.
Un buen comienzo para aproximarse a una definición es jugar al juego de las
diferencias. ¿Qué tienen los seres vivos que no tienen las demás entidades
de la naturaleza? Todos están formados por células que mantienen su
integridad mediante una membrana de moléculas grasas. Todos presentan
mecanismos bioquímicos que les permiten usar sustancias del ambiente para
producir las moléculas y la energía que necesitan para seguir existiendo.
Todos tienen información genética y pueden producir razonables copias de sí
mismos. Todos están emparentados mediante lazos evolutivos. Lo que no
presenta estas características, no está vivo (aunque algunos, sólo algunos,
científicos aceptan unas diminutas excepciones llamadas virus).
El concepto de evolución es clave en la definición de la vida. Los
organismos cambian a través de las generaciones. Algunos cambios perduran
porque quienes los llevan están mejor adaptados para vivir en el ambiente
que les ha tocado en suerte que quienes no los llevan. El cambio origina
diversidad. Los millones, quizá decenas de millones, de especies de
bacterias, hongos, plantas y animales que existen en la actualidad
descienden de los primeros microbios que vivieron hace 3800 millones de
años. Eso es la evolución.
¿Quien esta vivo?
En el ámbito macroscópico, la vida tiene fronteras bien definidas. En el
ámbito microscópico, en cambio, sus límites se vuelven borrosos. Allí es
donde proliferan las bacterias, los virus y las nanobacterias.
Las bacterias son pequeñísimas células limitadas por una membrana de
moléculas grasas; toman sustancias del ambiente y las usan para obtener la
energía y las moléculas que les permiten seguir existiendo; contienen
información genética y se reproducen. Son capaces de evolucionar, ¡y vaya si
lo han hecho!: toda la vida de la Tierra evolucionó a partir de ellas. Son
seres vivos y eso nadie lo discute.
Con los virus, la cosa se complica. Hace más de 100 años que los científicos
discuten si están vivos o no. Para empezar, no son células. Poseen
información genética, pero son incapaces de reproducirse por sus propios
medios, porque para hacerlo necesitan las maquinarias genética y metabólica
de las células que invaden (son parásitos celulares). Sin embargo, poseen
una característica que inclina la balanza hacia el lado de la vida, y es que
los virus evolucionan. Aun así, muchos científicos se niegan a considerarlos
vivos.
Y luego están las nanobacterias, que son las más cuestionadas. Quienes las
estudian las han encontrado en diversos ambientes, las han visto
reproducirse formando colonias y han detectado en ellas la presencia de ADN.
El año pasado, investigadores de la Clínica Mayo (Rochester, Maryland)
presentaron pruebas que parecen hacerlas responsables de la formación de
depósitos de calcio en las arterias y las válvulas del corazón humano. Pero
la comunidad científica se mantiene escéptica y aún no las acepta como seres
vivos.
Una de las principales críticas dirigidas a la supuesta vida de las
nanobacterias tiene que ver con su tamaño. Si se divide un milímetro en un
millón de partes, se obtiene una longitud llamada nanómetro. Las bacterias
más pequeñas que se conocen miden unos 200 nanómetros de ancho; las
nanobacterias más pequeñas, unos 20. Un grupo de expertos estableció hace 17
años que precisamente aquel tamaño, 200 nanómetros, sería el límite inferior
del tamaño de la vida. Nada que sea más pequeño puede contener las moléculas
necesarias para mantenerse vivo por su cuenta. Los defensores de las
nanobacterias confían en que sólo es cuestión de tiempo hasta que se
demuestre lo contrario.
Virus/modelo para armar
El genetista Eckard Wimmer y sus colaboradores de la Universidad de New York
en Stony Brook fueron los primeros en sintetizar un genoma completo sin usar
ADN como molde. Lo que hicieron fue buscar en Internet la secuencia del
genoma del virus de la parálisis infantil (poliomielitis). Luego
sintetizaron un fragmento del genoma y le encargaron a una empresa de
biotecnología la síntesis de otros dos fragmentos. Después unieron los tres
fragmentos con métodos enzimáticos y así armaron el genoma completo.
Por último, comprobaron que si lo ponían dentro de una célula, el genoma
sintético fabricaba nuevos virus (que es exactamente lo mismo que pasa
cuando un virus natural infecta una célula). Hacer todo esto les llevó tres
años.
El trabajo fue publicado por la revista Science, y enseguida recibió duras
críticas, porque habiendo tantos virus inofensivos para las personas, ¿qué
necesidad tenían de ponerse a trabajar con uno tan peligroso para la salud
humana? La respuesta de Wimmer fue que su intención era precisamente
demostrar que usando información disponible en Internet y reactivos
comprados en una empresa que los envía por correo, es posible sintetizar un
virus, con todas las buenas y malas consecuencias que eso puede implicar.
El segundo genoma armado en laboratorio fue el del virus ?X174. Descubierto
a comienzos de la década del 50, este virus ha sido protagonista de varias
"primeras veces" en el ámbito científico. Su información genética está
contenida en un único cromosoma circular que fue la primera molécula de ADN
que se logró purificar totalmente. Con ese cromosoma se demostró por primera
vez la capacidad de los virus para invadir a las células y reproducirse
dentro de ellas. El genoma de ?X174 fue el primero que se secuenció por
completo. Y aunque su genoma no fue el primero que se sintetizó sin usar un
molde de ADN, sí es el que hasta ahora fue más rápidamente sintetizado de
esa manera.
A fines de 2003, el grupo dirigido por Craig Venter (el mismo que lideró uno
de los dos grandes grupos que secuenciaron el genoma humano) publicó la
síntesis del genoma de ?X174 presentando una metodología novedosa que
permitió completar el trabajo en sólo 14 días. En aquel entonces, Venter
declaró a la revista Science News que el siguiente paso debía ser la
síntesis de un genoma mínimo de bacteria. Al poco tiempo se asoció con
Hamilton Smith (Premio Nobel de Medicina 1978), consiguió un subsidio
estatal de 3 millones de dólares y puso manos a la obra.
Al decir un genoma mínimo de bacteria, Venter estaba hablando de fabricar un
cromosoma con la mínima cantidad de genes indispensables para la vida de una
bacteria. Para averiguar cuál era esa cantidad de genes, el grupo de Venter
estudió el genoma de la bacteria más pequeña que se conoce, un micoplasma
que infecta las vías urinarias humanas.
Los investigadores estimaron que unos 300 genes son suficientes para
conferirle a una célula vida autónoma, pero se encontraron con la sorpresa
de que las funciones de una tercera parte de esos genes eran desconocidas y
tuvieron que ponerse a averiguarlas. En los próximos años, Venter espera
reemplazar el ADN de una bacteria por un ADN sintético con los 300 genes
necesarios para la vida.
El bicho de Los Alamos
Otro proyecto actualmente en marcha tiene un objetivo más ambicioso.
Mientras Venter trabaja con componentes e información genética de seres que
existen en la naturaleza, Norman Packard (fundador de la empresa Protolife)
y Steen Rasmussen (del Laboratorio Nacional Los Alamos, en Nuevo México)
pretenden construir un ser original, sin antecedentes naturales, al que ya
le han puesto nombre: el Bicho de Los Alamos (The Los Alamos Bug).
Para construir su bicho, estos investigadores tienen en cuenta cuatro
factores: contención, herencia, metabolismo y evolución.
La contención de este nuevo ser vivo estará dada por una gota de ácidos
grasos (que son insolubles en agua y cuando se encuentran en ella tienden a
formar microesferas). El material hereditario lo aportarán unas moléculas
híbridas, mezcla de ADN y proteínas. Para el metabolismo, le suministrarán
al bicho moléculas precursoras de aquellas que lo constituyan, que se
activarán dentro de él por acción de la luz. Esperan que de esta manera la
gota de ácidos grasos aumentará de tamaño y terminará dividiéndose (se
"reproducirá"). Packard y Rasmussen consideran que la interacción de estos
tres factores favorecerá la aparición del cuarto, que es la evolución.
Mientras tanto, en la Universidad de Roma 3, un equipo dirigido por Per
Luigi Luisi trabaja en la construcción de una célula mínima; Jack Szostak y
sus colaboradores (Universidad de Harvard), en una forma de vida sintética
similar al Bicho de Los Alamos; y el grupo de Albert Libchaber (Universidad
Rockefeller), en lo que ellos llaman "biorreactores vesiculares", uniendo
componentes celulares de distinto origen.
Respecto del tiempo que llevará obtener los primeros microbios sintéticos
con vida autónoma, Rasmussen afirma que en el más optimista de los casos
transcurrirán al menos 10 años. Szostak coincide en que se logrará hacerlo
en 10 o 20 años (pero confiesa que hace 10 o 20 años que viene diciendo lo
mismo).
No cualquier ser vivo
Seguramente, los motivos que dan vueltas en las mentes de estos científicos
son muchos. Quien primero logre sintetizar una nueva forma de vida tendrá la
enorme satisfacción de haber resuelto uno de los más grandes desafíos de la
ciencia, se hará instantáneamente famoso y su nombre pasará a ocupar un
lugar destacado en la historia de la ciencia, ganará mucho dinero y obtendrá
con facilidad suculentos subsidios para seguir investigando, será candidato
al Nobel...
Se espera, además, que los resultados constituyan un beneficio para la
humanidad, porque la idea no es crear un ser vivo cualquiera, sino aquellos
que sean de interés ambiental, industrial o sanitario. Microbios que
degraden sustancias tóxicas y puedan ser usados para limpiar ambientes
contaminados; que fabriquen medicamentos; que produzcan combustible; que
recorran el cuerpo humano para detectar y diagnosticar enfermedades.
Dado que ya se han desarrollado métodos para modificar genéticamente a las
bacterias naturales para que realicen estas tareas, ¿hace falta crear seres
sintéticos para que las lleven a cabo? Rasmussen opina que el problema
radica en que las bacterias existentes son extremadamente versátiles y
resulta difícil mantenerlas realizando actividades específicas. Una bacteria
sintética, en cambio, podría ser diseñada para realizar una única tarea,
alcanzando así una máxima eficiencia.
Riesgo, ética y mas alla
Uno de los posibles riesgos de la creación de seres sintéticos es su
liberación accidental o intencional en el ambiente. Por esta razón, los
científicos están trabajando con microbios que no son peligrosos para las
personas, y piensan diseñarlos de manera que no puedan sobrevivir fuera de
las condiciones del laboratorio. Pero la historia nos ha enseñado que aun
cuando se cree que todo está bajo control, pueden ocurrir incidentes en los
que nadie había pensado. Habrá que estar tan preparados como sea posible
para enfrentar estas eventualidades.
También se han tomado recaudos en el campo de lo ético. Antes de ensamblar
el genoma del virus ?X174, por ejemplo, Venter sometió el proyecto al
análisis de un comité independiente que estudió el caso durante un año antes
de declararlo éticamente aceptable.
Claro que no todos están de acuerdo con la ejecución de estos proyectos. Hay
quienes piensan que son contrarios a las leyes de la naturaleza o a las
leyes divinas (que para algunos son la misma cosa). Para ellos, los
científicos que intentan crear vida están cometiendo el error de jugar a ser
dioses. "No necesariamente -declaró a la revista New Scientist el teólogo
John Haught-. Somos parte de la naturaleza, y como seres naturales que
estamos viviendo y creando vida sintética, en el fondo no somos más que vida
creando más vida, que es lo que ha estado ocurriendo con la evolución
durante los últimos 4 mil millones de años. Y eso no excluye la idea de Dios
creando vida por medios naturales (en este caso nosotros), que es la forma
en que la teología acepta que El ha estado operando desde siempre en este
mundo."
En su página de Internet, los científicos que trabajan en Biología Sintética
en el Instituto de Tecnología de Massachusetts se preguntan si debemos pasar
pasivamente por este mundo o tenemos la responsabilidad de interactuar con
él en forma racional. Debería bastar echar un vistazo a las consecuencias de
cada una de estas actitudes para encontrar la respuesta.
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