Psicologa social, psicologo, asistencia psicologica
Familia. Las abuelas
"Trabajar de abuela" a tiempo completo, o aún parcialmente, resulta una
actividad peligrosa para la salud, produce estrés y puede aumentar 55 por
ciento el riesgo de infarto, afirma una investigación de la Universidad de
Harvard. Cable de ANSA 26/12/03:
Ser abuela hoy. ¿Saludable o insalubre?
Lic. Irene Loyácono *
Lo primero que habría que señalar es que "abuela" no es el nombre de un
único tipo de persona.
Las diferencias se multiplican si consideramos las diferentes clases
sociales pero mirando sólo las clases medias urbanas encontraremos abuelas
jóvenes y abuelas ancianas, abuelas amorosas y antipáticas, sanas y
achacosas, activas y retiradas, empleadas y ociosas, abuelas encantadas de
serlo y abuelas que lo detestan.
Lo que encuentro en común a todas estas abuelas es su pertenencia al género
femenino, la posición en una serie generacional y un rol esperado de
colaboración en la crianza de sus nietos suplementando a los padres -cuando
"la chica" faltó o la madre tiene un compromiso de trabajo fuera de hora o
se casa una amiga el sábado a la noche, son situaciones excepcionales. y la
abuela es primera candidata para acudir en auxilio.
Pero últimamente en nuestro país aquejado de "crisis económica crónica",
ocurre con frecuencia creciente que la joven pareja sufra estrecheces
económicas por dificultades de empleo -también cuando se produce una
separación conyugal. El auxilio más a mano es otra vez la abuela,
encarnando la solidaridad familiar muchas veces en contra de sus más íntimos
deseos . Otras veces, el diseño de familia de los jóvenes padres necesita
a la abuela como protagonista central de la historia haciéndose cargo casi
en exclusiva del cuidado de los niños. Aquí tras los motivos económicos
generalmente pueden detectarse también algunos motivos psicológicos y es
probable que en estos arreglos sí se desarrollen los aspectos más insalubres
del "trabajo de abuela".
En general hoy las abuelas de clases medias urbanas tienden a no ser lo que
eran antes (por suerte para ellas). La "liberación femenina" y los avances
de la medicina produjeron mujeres activas, con mucha vida propia todavía por
vivir a la edad de ser abuelas.
Muchas de estas mujeres consideran cumplido su compromiso con la transmisión
de la vida y no están disponibles para criar a sus nietos. Algunas porque
siguen ocupadas en sus trabajos, otras porque desean embarcarse en algún
emprendimiento lucrativo y otras simplemente porque desean gozar de la mayor
libertad que acompaña la partida de los hijos (la parte positiva del nido
vacío).
A las mujeres de este tipo, la propuesta de cuidar a sus nietos las pone en
una situación muy incómoda: no está bien visto (aún!) que una mujer no se
entusiasme con la crianza, se sienten egoístas si retacean sus servicios
pero también se sienten explotadas si acceden sin más a la demanda.
Cuando la abuela comparte la vida de sus nietos un par de ratos por semana,
la experiencia suele ser muy enriquecedora para ambos. Los niños estimulan,
renuevan, se despliegan ante nuestros ojos en un proceso que puede ser
fascinante -si no es abrumador. A su vez, para los niños, el intercambio
con otros adultos confiables, afectuosos y portadores de tradiciones e
historias familiares es un nutriente muy interesante.
Es otra la cuestión, en cambio, cuando una gran parte de la tarea de crianza
recae sobre la abuela. Está absolutamente establecido, aunque no siempre
reconocido, que criar niños es un trabajo pesado. Cuando son pequeños, al
requerir un constante estado de alerta en la cuidadora, su atención produce
gran fatiga física y anímica. Cuando son mayorcitos la fatiga proviene de
los esfuerzos para sostener un control adulto responsable sobre prácticas de
vida que se despliegan muchas veces en los márgenes del mundo conocido por
la abuela. Reemplazar a los padres durante largas jornadas no constituye
por lo general una experiencia gratificante para las abuelas.
Es todo un tema en las terapias de este grupo de mujeres esclarecer lo que
una abuela puede hacer en relación a la intensidad de su involucramiento en
la crianza de sus nietos. Se trata, otra vez, de encontrar alguna solución
de compromiso entre sus derechos personales y las obligaciones/deseos de
solidaridad con sus hijos/as. En general no les es fácil. A las mujeres
les demanda mucho trabajo psíquico salir de la situación de entrampamiento
en la mística femenina para construir una elección de acuerdo a sus valores,
intereses, necesidades y deseos. Pero aunque arduo, es un trabajo posible y
vale la pena encararlo.
Desde otra perspectiva, me interesa rescatar el hecho de que la ayuda de las
abuelas siempre existió en las clases bajas y medias bajas. Generalmente
con rol de género en la tradición patriarcal, estas mujeres -cuyo sentido
de la vida se encontraba en el cuidado abnegado de otros- estaban ansiosas
de recibir nietos que retrasaran el retiro forzoso a que las exponía el
crecimiento de sus propios hijos.
Más aún, en muchas zonas rurales de nuestras provincias, aún hoy el primer
hijo es entregado a la madre como "ofrenda" que habilita a la hija para
partir a hacer su vida de adulta.
En las clases medias urbanas, con abuelas en rol de género tradicional, a
veces es posible encontrar esta práctica estilizada y encubierta tras
motivaciones económicas. Son casos en que la joven madre estuvo
intensamente apegada a su madre y el vínculo con su esposo no ha logrado
sacarla lo suficiente de esa órbita como para terminar de constituir un
nuevo núcleo familiar. En estas constelaciones, la abuela suele seguir
ostentando los emblemas del rol y la sabiduría maternales, permaneciendo la
joven madre en rol de hija inmadura. El aporte de la abuela resulta así
imprescindible, rechazándose recursos de crianza alternativos que implicaren
una mayor autonomía de la nueva familia. No siempre estos arreglos resultan
favorables para los niños involucrados debido a la confusión de roles (los
abuelos vuelven a ser padres, los padres vuelven a ser hijos) que deja a los
niños pendulando entre figuras adultas no pocas veces en pugna. En general,
la funcionalidad de esta dinámica depende del monto y calidad de los
componentes narcisistas en juego.
Por el lado de las jóvenes madres también hay algunos ingredientes a tener
en cuenta que parecen estar más relacionados con una característica social
de época que afecta su propia dinámica narcisista.
Me refiero a lo que veo como las consecuencias del modelo de crianza
predominante en las clases medias urbanas acomodadas durante las últimas
décadas. Estas clases produjeron -o padecieron- un modelo familiar que
hipertrofió la satisfacción y el privilegio de los hijos, favoreciendo la
aparición de lo que he llamado en otro lugar los "niños tiranos" . Estos
hijos fueron llevados a creer que sus deseos podían ser órdenes legítimas y
encuentran hoy muchas dificultades en crecer y asumir responsabilidades
renunciando a sus privilegios infantiles.
Es así que, con cierta frecuencia, encuentro madres jóvenes que intentan
hacer su proyecto de familia contando con su madre como un apéndice propio,
lo que desemboca muchas veces en pedidos y/o expectativas sobre la abuela
que resultan abusivos. Y la abuela post-tradicional necesitará todo su arte
para neutralizar esta fantasía y reconducir la situación a sus dimensiones
lógicas.
Parecería que algunas jóvenes madres reclaman para sí un rol de género
actualizado pero son renuentes a conceder a sus madres el mismo derecho:
les cuesta aceptar que el tiempo - la vida - de su madre no les pertenece,
se molestan si ésta les pone condiciones o les niega algún extra. Y será
necesario que la abuela argumente sólidamente sus razones si no desea quedar
ubicada por la joven como una abuela egoísta, desamorada. y caprichosa,
aunque no siempre lo logra.
Otro tipo de constelación se organiza cuando las abuelas tienen un rol de
género más actual y las madres jóvenes asumen más comprometidamente su rol
adulto. Es estos casos hay una mayor discriminación entre las personas de
la abuela y de la madre, y las relaciones entre ellas son menos
ambivalentes.. La joven madre se ocupa activamente de organizar
dispositivos autónomos, pide sin imponer y agradece la colaboración que
recibe. En general, en este grupo las dos abuelas se turnan, buscando dar
una mano sin quedar atrapadas a tiempo completo. Las mujeres mayores
valoran el libre uso de su tiempo no comprometido y son bastante estrictas
en sus horarios: si la madre dice que pasará a buscar al nieto a las 19.30
hs la abuela espera que sea puntual y habrá reclamos si se retrasa sin
motivo muy fundado -aunque no siempre lo manifieste para no resultar
excesivamente antipática.
Como sucede en tantos ámbitos de la vida actual, hoy abuela se escribe en
plural. Y las mujeres pueden buscar entre diferentes modelos para construir
su propio estilo de abuelidad, articulando el cuidado de sí y el de los
nietos, en algún mix que le resulte conveniente.
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