Psicologa social, psicologo, asistencia psicologica
Paternidad
EL SENTIMIENTO DE CULPA Y EL "PADRE IDEAL"-
Henri Rey-Flaud- Página 12
EL SENTIMIENTO DE CULPA Y EL "PADRE IDEAL"
"¿Qué hice para que me odie?"
Por Henri Rey-Flaud *
Dice Freud: "Originalmente, el mal es lo que amenaza privarnos del amor".
Con esta sentencia da cuenta del sentimiento de culpa en respuesta a la
pérdida del amor del padre. La culpa muestra su índole enigmática cuando nos
presenta sujetos que, librados al odio, a la violencia y a la persecución,
no demuestran como respuesta el odio que uno podría esperar sino que, por el
contrario, asumen sobre sí la falta, la vergüenza de la infamia. La
experiencia clínica ofrece ejemplos: el hijo castigado a golpes por el
padre, la mujer violada. La razón de tal actitud se halla en la pregunta
inconsciente que esos sujetos se plantean a sí mismos. "¿Qué hice, qué
ignoro, para que mi padre me odie?"
Más allá de los azares de la historia individual que ponen a ese sujeto, y
no a otro, en tal situación, Freud procurará encontrar la explicación
fundamental de semejantes conductas en el mito del asesinato del padre,
postulando que el acto primordial fue vivido por los hijos, a la vez, como
una liberación y como un sacrilegio. Lo dice en estos términos: "Los hijos
no sólo odian al padre; también lo aman". ¿Cómo dar cuenta de ese amor
paradójico? De nuevo, la respuesta se encuentra cuando se explicitan las
motivaciones secretas de los niños golpeados, quienes manifiestan una enorme
dificultad para denunciar a quienes los atormentan, negando enérgicamente la
maldad del padre y protegiendo así, de modo incomprensible para el juez o el
educador, la figura del déspota cruel cuyo castigo vislumbran entre
llamaradas de angustia. Pues la destitución de ese padre ante los ojos de la
sociedad representa para ellos un peligro mucho más grande que todos los
abusos físicos que han padecido y pueden padecer aún.
En realidad, oculto tras el padre que lo atormenta, el niño defiende al
padre ideal necesario para garantizar la existencia del sujeto y sostener la
solidez del mundo por encima de la nada. Esa posición neurótica expresa un
fracaso en la introducción a la ley.
La clínica de la histeria femenina evidencia también la voluntad de sostener
contra viento y marea la figura del padre ideal, encubierta por la figura de
una madre ensañada contra ella, padre cuyo amor aparece como condición de la
existencia al punto que estas mujeres van hacia la muerte aferradas a la
instancia luciferina que las arrastra y que queda protegida hasta el final
por un nimbo de esplendor. Una variante apenas menos terrible de este
destino se halla en el caso de las mujeres aterrorizadas por un compañero
(avatar de la Madre terrible) al cual defienden ante parientes y amigos,
como modelo intachable, contra toda razón y evidencia.
La trasmutación de la figura del padre terrible en padre ideal demuestra que
al hombre le es más fácil poner su muerte en manos del Otro que tomarla en
las propias. En nombre de este principio se construye la figura del Dios
terrible que Miguel Angel pintó en el techo de la Sixtina, cuya muerte,
proclamada por Nietzsche, implica el riesgo, si se confirma, de hacer recaer
sobre el hombre la angustia vinculada con la carga del deseo.
* Extractado de "Fundamentos metapsicológicos de El malestar en la cultura",
incluido en Sobre El malestar en la cultura de Sigmund Freud, de reciente
aparición (ed. Nueva Visión).
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