Psicologa social, psicologo, asistencia psicologica
Violencia de genero
¿SE PUEDEN TRATAR?
Hombres violentos
El maltrato causa estragos. Más del 20% de las mujeres lo sufre. Es una de
las principales causas de muerte y lesiones. En Buenos Aires ayudan a los
agresores.
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Por María Farber. Especial para Clarín.com.
informedeldia@claringlobal.com.ar
No hace distinción entre ricos y pobres y es responsable de la destrucción
de muchísimas familias. En España o los EE.UU. ha llegado a convertirse en
la principal causa de muerte y lesiones entre las mujeres, superando en
muchos casos a los accidentes de tránsito y al cáncer. La ayuda para las
víctimas siempre existió pero la violencia masculina siguió incrementándose.
Por ello, en 2001, la Organización Mundial de la Salud OMS sugirió que, a la
par de las víctimas, también se atendiera a los golpeadores. Tratar a las
víctimas y no a los agresores es una práctica cuestionable, sostuvieron,
teniendo en cuenta la gran cantidad de casos en que el acoso sigue aún
después de la separación. Como contraparte, la OMS señaló que los programas
para hombres tienen algún éxito en prevenir posteriores actos de violencia:
entre el 50 y el 90% de los que finalizan sus tratamientos permanecen "no
violentos" durante períodos que van desde seis meses a tres años.
En la Argentina no abundan las opciones terapéuticas especializadas en la
atención a hombres violentos. Algunos de los que llegaron a situaciones
límite comprobaron esta dificultad: "Busqué ayuda por todos lados, empecé
algunos tratamientos que no me sirvieron. Me daba cuenta de que estaba mal,
pero no sabía cómo parar. Por suerte llegué acá, gracias a Dios", dice
Claudio, 34, que se refiere al Programa Grupo de Autoayuda para Hombres
Violentos de la Dirección General de la Mujer, que ofrece sesiones grupales
y semanales bajo la coordinación del licenciado Raúl Mattiozzi.
"Este programa está destinado a funcionar como acompañamiento en un momento
determinado, para lograr el cese de las situaciones de violencia", señala
Débora Tomasini, coordinadora general del Servicio Público de Asistencia
Integral a la Violencia Doméstica y Sexual de la Dirección General de la
Mujer. "Tenemos asistencia para aquellos que por una orden judicial o por
voluntad propia quieren cambiar. Tienen un espacio en tanto y en cuanto
asuman su responsabilidad, pero esta es una dirección comprometida con
políticas públicas dirigidas a prevenir y disminuir problemas de violencia a
mujeres, niños y niñas", subraya.
La violencia familiar como tal no es considerada un delito penal, pero puede
producir lesiones que sí lo son. Es claro que a la víctima hay que ayudarla,
pero del lado del agresor para muchos la solución es la condena social,
moral y la cárcel. Sin embargo, hay quienes creen que una respuesta más
integral al problema de la violencia doméstica no está del lado del castigo,
sino de la recuperación. "El de la violencia es un patrón que se repite como
un calco. Puede que la mujer logre separarse, pero ¿y los hijos? Se es padre
para toda la vida. Los chicos van a repetir el modelo, incluso llegan a
golpear a la madre. Para cortar el ciclo de la violencia hace falta que
todos los integrantes de la familia, por separado, realicen un tratamiento",
dice Mattiozzi.
Asumir la responsabilidad por la violencia es el primer paso y no es
sencillo. "Ellos no consideran que tengan un problema, la sugerencia de
hacer algún tipo de tratamiento es tomada como algo fuera de lugar, así que
esta es una de las cuestiones de más difícil resolución", explica el
profesor Jorge Corsi, director de la Carrera de Especialización en Violencia
Familiar de la UBA. En palabras de Daniel, de 48 años, compañero de grupo de
Claudio, "uno acá acepta que es violento, pero a nadie le gusta ver eso de
sí mismo. Antes pensaba que tenía mal carácter, que era impulsivo".
De acuerdo a las estadísticas de la Dirección General de la Mujer, sobre 386
pacientes atendidos entre 1997 y 2003, aproximadamente el 30% de los hombres
que llegaron al programa lo hicieron por disposición de un juez y el 70% por
voluntad propia. Claro que aquello de "voluntad propia" no lo es tanto. "En
muchos casos es la mujer o un hijo quien lo manda a hacer el tratamiento. Lo
que me importa es que lleguen, a partir de ahí es mi trabajo hacerles dar
cuenta de que tienen un problema", dice Mattiozzi. Tampoco la orden judicial
es definitoria, no hay sanciones para quienes no cumplen.
La rueda empieza a girar cuando deja de ser una imposición y se convierte en
una decisión propia. "Estar con el grupo y ver a los demás te ayuda", dice
Daniel que lleva dos años en el programa. "Estos son mis pares, me siento
contenido". Después hay que lograr frenar la violencia: "Uno acá se da
cuenta de que tiene que aprender a hacer las cosas de otra manera, pero hay
que ver cómo uno reacciona después, cuando se enoja con los hijos", dice
Mario, de 32 años.
La recuperación no es fácil. Sobre muchos pesa una denuncia, a veces también
una separación que puede o no ser definitiva. La estabilidad emocional es
otro de los objetivos. No todos llegan al final del camino. Entre 1997 y
2003, el nivel de deserción alcanzó un 43% entre los casos "judicializados"
y el 63% de los que fueron sin mediación de la justicia.
"Tuve que hacer una mudanza y terminé dándole golpes a la heladera porque no
lograba hacerla entrar en un espacio chico. No lastimé a nadie, pero fue una
reacción violenta. Estoy muy angustiado por eso, no quiero que me vuelva a
pasar", cuenta Claudio, que ya comenzó una terapia individual y está a punto
de ser dado de alta en el grupo. "La del programa no es un alta de clínica
médica, sino que se otorga cuando el paciente alcanza una estabilidad
emocional y existe la posibilidad de comenzar un tratamiento individual". El
trabajo es arduo, pero hay posibilidades. Para Mattiozzi vale la pena
intentarlo: "No sé si se curan, sé que se mejoran".
En números
Algunos datos sobre los hombres que asistieron al Programa Grupo de
Autoayuda para Hombres violentos:
El 68% tiene entre 25 y 44 años.
El 53% está legalmente casado.
El 74% convivía con la víctima al momento de incorporarse al tratamiento.
El 87% tiene hijos.
El 81% tiene trabajo.
El 35% terminó el colegio secundario, aproximadamente el 10% completó
estudios terciarios o universitarios.
El 42% proviene de una familia violenta.
En el 61% de los casos la violencia se extiende al grupo familiar.
(Datos correspondientes al período 1997- 1º semestre 2004, sobre un total de
423 casos. Área de estadística, Dirección General de la Mujer)
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